Jueves, Junio 20, 2013
   
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EL FUNESTO LIDER DE LOS CUERVOS

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En los límites de lo que conformaban entonces el municipio de Castaños, en Coahuila, vivía relegado a la soledad un hombre que no por nada permanecía así, pues era repudiado por el resto de la población por conservar un criadero de desagradables aves como los cuervos.

En torno al caso se decían cantidad de cosas increíbles para la mayoría. Algunas eran realmente tergiversaciones de la verdad, pero no era falso que por las noches los detestables aliados sobrevolaran el cielo de Castaños y uno de ellos, el más grande e imponente,

era el propio Martín, su criador.
Ajeno a los muchos relatos falsos y reales que surgieron a partir a partir de tan temible episodio, se extiende éste que, tan corto como es, se apega exclusivamente a los hechos tal y como sucedieron en el caso aquel de los cuervos.

TEMIBLE AVE—cuentan que mucho antes de que aquello sucediera había en el pueblo una mujer llamada Elodia. Era joven y poca escrupulosa, pues de ella se decía que no tenía remilgos a la hora de entregarse a los brazos de un hombre ya fuera casado o no, si acaso le prometía una estupenda noche de pasión…y unos cuantos billetes.
Sin embargo era un mal necesario la nefasta Elodia, pues era la comadrona del pueblo y conocía las hierbas que sanaban los males…y sabía también de las plantas que los provocaban tanto como de los secretos del infierno, pues solo esto explicaba que haya ocurrido lo que sucedió en el caso de martín.
La única compañía que tenía la funesta hembra era la de un cuervo tan negro como la noche que habitaba su pocilga, yendo a extender sus alas varis veces al día volando cerca. Pero volvía siempre mansamente con su ama: el animal jamás causaba males, pero la gente le temía repudiado por su desagradable aspecto.

NOCHE DE CRIMEN—Solo la oscura ave estaba presente la noche en que Martín se presentó al jacal de Elodia y mostrándole unos billetes le pidió caricias, pero la orgullosa bruja lo despreció por andar borracho, por que además era un hombre feo y obeso que no despertaba sus apetitos de mujer…no estaba dispuesta a entregare a él ni por dinero.
Para Martín aquel rechazo fue toda una afrenta y no estaba dispuesto a dejarla así, por lo que con la fortaleza de su corpulencia atacó a la hembra que gritaba horrorizada sin saber cómo defenderse, mientras que el cuervo revoloteaba también nervioso ante la agitación de su ama, que para él debió de ser incomprensible.
En medio del alboroto a la infeliz Elodia se le ocurrió ordenarle a su mascota que atacara, por lo que el ave la emprendió a picotazos contra el atacante, a quien le buscaba los ojos. Pero Martín se protegió la cara con un brazo y con el otro tanteó el sitio hasta que su mano topó con lo que le pareció un hacha.

DETESTABLE PRESENCIA—Con su mano libre abanicaba a un lado y otro, a ciegas, por que no podía ver, pero su intención era librarse del animal.
Por eso no percibió como la histérica Elodia, al ver al ave en peligro, se expuso ella misma, por lo cual recibió un hachazo en el pecho, y al momento de ir cayendo le advirtió a Martín que se iría al infierno.
Entonces el cuervo revoloteó unos segundos sobre el cuerpo de su ama, y en un instante pareció estremecerse antes de emitir un graznido sonoro y espeluznante tras el cual salió volando seguido del asesino que evadió la responsabilidad de su crimen. Pero aunque los humanos no lo castigaron…el demonio estuvo presto para hacerlo.
Fue después de ello que Martín se mudó a las afueras del pueblo, repudiado por todos, y encima con la presencia continua del ave tenebrosa que lo seguía como su sombra, pero pronto llegó otro cuervo, y otro y uno más…

MURIÓ CON LA MALDICIÓN—Los cuervos habitaban donde Martín, y no era que él los criara, sino que se había convertido en su líder. Por las noches que la parvada llegó a ser de unos 200 animales había un cuervo más grande que un águila, y esa era el ave que el resto seguía: era Martín, que calladamente cumplía su condena, nadie alcanzaba a comprender su nefasto poder: convirtiéndose en un cuervo por la noche. Pero la paz se rompió la mañana en que un buen hombre, un ranchero, amaneció muerto. Le habían sido extraídos los ojos.
Una turba de gente fue a donde Martín y comenzó a apedrearlo mientras la parvada de cuervos salió volando despavorida ante el ataque, y hasta que todo había acabado los indignados agresores se percataron de que a cada pedrada que recibió el maldito, cayó un ave muerta, y al morir la última, murió el condenado también, para cumplir su destino final.

*De entre la realidad y el mito. Leyendas Coahuilenses,
Universidad Autónoma de Coahuila, México.


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