EL FUNESTO LIDER DE LOS CUERVOS
En los lÃmites de lo que conformaban entonces el municipio de Castaños, en Coahuila, vivÃa relegado a la soledad un hombre que no por nada permanecÃa asÃ, pues era repudiado por el resto de la población por conservar un criadero de desagradables aves como los cuervos.
En torno al caso se decÃan cantidad de cosas increÃbles para la mayorÃa. Algunas eran realmente tergiversaciones de la verdad, pero no era falso que por las noches los detestables aliados sobrevolaran el cielo de Castaños y uno de ellos, el más grande e imponente,
era el propio MartÃn, su criador.
Ajeno a los muchos relatos falsos y reales que surgieron a partir a partir de tan temible episodio, se extiende éste que, tan corto como es, se apega exclusivamente a los hechos tal y como sucedieron en el caso aquel de los cuervos.
TEMIBLE AVE—cuentan que mucho antes de que aquello sucediera habÃa en el pueblo una mujer llamada Elodia. Era joven y poca escrupulosa, pues de ella se decÃa que no tenÃa remilgos a la hora de entregarse a los brazos de un hombre ya fuera casado o no, si acaso le prometÃa una estupenda noche de pasión…y unos cuantos billetes.
Sin embargo era un mal necesario la nefasta Elodia, pues era la comadrona del pueblo y conocÃa las hierbas que sanaban los males…y sabÃa también de las plantas que los provocaban tanto como de los secretos del infierno, pues solo esto explicaba que haya ocurrido lo que sucedió en el caso de martÃn.
La única compañÃa que tenÃa la funesta hembra era la de un cuervo tan negro como la noche que habitaba su pocilga, yendo a extender sus alas varis veces al dÃa volando cerca. Pero volvÃa siempre mansamente con su ama: el animal jamás causaba males, pero la gente le temÃa repudiado por su desagradable aspecto.
NOCHE DE CRIMEN—Solo la oscura ave estaba presente la noche en que MartÃn se presentó al jacal de Elodia y mostrándole unos billetes le pidió caricias, pero la orgullosa bruja lo despreció por andar borracho, por que además era un hombre feo y obeso que no despertaba sus apetitos de mujer…no estaba dispuesta a entregare a él ni por dinero.
Para MartÃn aquel rechazo fue toda una afrenta y no estaba dispuesto a dejarla asÃ, por lo que con la fortaleza de su corpulencia atacó a la hembra que gritaba horrorizada sin saber cómo defenderse, mientras que el cuervo revoloteaba también nervioso ante la agitación de su ama, que para él debió de ser incomprensible.
En medio del alboroto a la infeliz Elodia se le ocurrió ordenarle a su mascota que atacara, por lo que el ave la emprendió a picotazos contra el atacante, a quien le buscaba los ojos. Pero MartÃn se protegió la cara con un brazo y con el otro tanteó el sitio hasta que su mano topó con lo que le pareció un hacha.
DETESTABLE PRESENCIA—Con su mano libre abanicaba a un lado y otro, a ciegas, por que no podÃa ver, pero su intención era librarse del animal.
Por eso no percibió como la histérica Elodia, al ver al ave en peligro, se expuso ella misma, por lo cual recibió un hachazo en el pecho, y al momento de ir cayendo le advirtió a MartÃn que se irÃa al infierno.
Entonces el cuervo revoloteó unos segundos sobre el cuerpo de su ama, y en un instante pareció estremecerse antes de emitir un graznido sonoro y espeluznante tras el cual salió volando seguido del asesino que evadió la responsabilidad de su crimen. Pero aunque los humanos no lo castigaron…el demonio estuvo presto para hacerlo.
Fue después de ello que MartÃn se mudó a las afueras del pueblo, repudiado por todos, y encima con la presencia continua del ave tenebrosa que lo seguÃa como su sombra, pero pronto llegó otro cuervo, y otro y uno más…
MURIÓ CON LA MALDICIÓN—Los cuervos habitaban donde MartÃn, y no era que él los criara, sino que se habÃa convertido en su lÃder. Por las noches que la parvada llegó a ser de unos 200 animales habÃa un cuervo más grande que un águila, y esa era el ave que el resto seguÃa: era MartÃn, que calladamente cumplÃa su condena, nadie alcanzaba a comprender su nefasto poder: convirtiéndose en un cuervo por la noche. Pero la paz se rompió la mañana en que un buen hombre, un ranchero, amaneció muerto. Le habÃan sido extraÃdos los ojos.
Una turba de gente fue a donde MartÃn y comenzó a apedrearlo mientras la parvada de cuervos salió volando despavorida ante el ataque, y hasta que todo habÃa acabado los indignados agresores se percataron de que a cada pedrada que recibió el maldito, cayó un ave muerta, y al morir la última, murió el condenado también, para cumplir su destino final.
*De entre la realidad y el mito. Leyendas Coahuilenses,
Universidad Autónoma de Coahuila, México.
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